viernes, 29 de enero de 2010

El cementerio atómico

Me entero de que Melgar de Arriba se postula como sede del cementerio nuclear que está estos días en subasta. No lo hace solo, porque es demasiado pequeño, sino mancomunado con Santervás, un poco más grande y que está a cinco kilómetros. Entre uno y otro hay tierras buenas y tierras malas, y yo supongo que las del páramo, más cerca de Melgar, donde están los majuelos, serán las idóneas para ese raro jardín que hemos visto, en estado virtual, por la tele, y que guardará en su barriga los residuos de buena parte de la energía que consumimos cada vez que encendemos la luz o abrimos el grifo del agua caliente. Confieso que estoy impresionada.

A ver: yo nunca he sido antinuclear. Es más: me parece que es la energía más barata, más limpia y menos contaminante. Esto es como lo de los aviones, que son el medio más seguro si no te toca la china. Pues eso. Que si te toca es mortal de necesidad, y eso siempre da yuyu… El cementerio en Melgar me impresiona. Sé que sería una manera de revitalizar la zona, que necesita vitalidad, claro que si. Una fuente de dinero y actividad, etcétera etcétera. Y si ellos lo quieren, les apoyo. Pero…

Seguramente soy una frívola cuando veo esta opción como una metáfora que me concierne. Y me concierne porque allí tengo yo un poco de memoria, de la memoria original, fundacional. Allí, en un pueblo pequeño que entonces estaba lleno de vida, y en una casa grande, de labradores ricos, que entonces estaba también viva, se pasaron los septiembres de mi infancia, ese tiempo que iba desde que acababa la playa santanderina hasta que empezaba el colegio –que entonces era después del Pilar. Entonces: qué palabra terrible. Entonces, la casa de mis abuelos. Y la posibilidad de pasar el tiempo en la calle, y de conocer un poco de naturaleza, de ruralidad. Vamos, los animales crudos de Breton. Gallinas, conejos, cerdos, caballos… y la burra para ir a las viñas. Y ovejas y mulas. Y palomas en el palomar. Y la vendimia. Y el tílburi de charol. Y los bailes a los que también íbamos las niñas, los domingos. Y la siesta y los tebeos, que qué curioso, eran de Roberto Alcázar y Pedrín, y debían estar ahí de vete tú a saber. Y las novelas rosas. Y las campanas de la iglesia de abajo, que tocaban el ángelus como si fueran un pasaje de Platero y yo. Y la era, y el cántaro a la fuente.

El invierno que murió mi abuelo lo pasamos allí, y entonces fui a la escuela, con el tintero de loza incrustado en el pupitre de madera, la tinta con grumos, y los carámbanos de hielo en la ventana. Yo tenía cinco años aquel invierno de radio, Antonio Machín y cortes de luz, la “gloria” calentando aquella casa enorme, y cosí una banderita vaticana porque venía el obispo a confirmar. Yo todavía no había hecho la primera comunión, y mi tía abuela Jacoba, que quería enseñarme a coser porque leer ya sabía, me decía con envidiable visión profética: “Hay que hacerlo bien. Nadie te va a preguntar nunca cuánto has tardado….” La de veces que, bajo presión, me he acordado de ella!

Ir a Melgar. Para mí era ir a la libertad. Es decir, viajar al Paraíso.

Hace mucho que no voy. De la gran casa de labranza queda poco, y del final trágico que tuvo mi abuela hablaré otro día. Pero que vaya a ser un cementerio nuclear… Prefiero no desarrollar la metáfora. En realidad, se trata de material novelable, y alguna vez la escribiré.



P.S: Ahora ya son 30.574  las personas que están pidiendo en Facebook que la justicia actúe contra el arzobispo de Granada. Ciudad maravillosa, por otra parte, de la que hablaré en el próximo post...

sábado, 23 de enero de 2010

A los palacios y a las cabañas.

Agarró su bici, porque Mercedes se le quedaba pequeño para caminar, como hacía todos los días cruzando los cien barrios porteños, y bajo la canícula austral y olvidando sus ochenta años, o casi, o algo más, empezó a pedalear hacia un destino a treinta kilómetros. Otro pueblo argentino. Bueno, un golpe de calor, se supone, lo dejó literalmente en la cuneta.

Con Néstor Gubitosi, casi dos metros flacos y nerviosos, una conversación torrencial y una cultura enciclopédica, he conocido un Buenos Aires imposible sin el. La tasca de La Boca, donde el padre de una larga familia come con la pistola al lado del cubierto, y por la noche un bandoneonista de nariz color guinda desgrana los mejores tangos antiguos, y donde la asturiana que desciende de los asturianos que lo pusieron hace milenios, cocina una pasta no menos digna de Sicilia; el bailongo clase B, donde unas señoritas sesentonas y repintadas, con zapatos de bailar, sacan a la pista a caballeros de parecidas edades, con orquestina en vivo y advirtiendo que de ahí no pasan; la milonga, con luz de comedor pequeñoburgués y esas parejas que practican sus pasos tangueros; o el casino iluminadísimo, anclado en el muelle, con la pasarela de barco tapizada de rojo holliwoodense y conserjes de librea cuidando los brillantes autos que se quedan en tierra, mientras ojos vigilantes siguen, unos por una razón, otros por otra, las enjoyadas muñecas y dedos de las señoras, las abultadas carteras bajo la rigurosa etiqueta de los señores….

Buenos Aires tiene palacios y cabañas. Néstor los frecuentaba todos. Dormía en el suelo, comía poco, andaba mucho. Las anécdotas, alguna seguramente apócrifa, lo retratan como un tipo vital, culto y divertido, con el que las horas se te pasaban volando y la sorpresa estaba garantizada. Era un escritor que no escribía –mi marido y él hicieron, al alimón, algún poema- y un cronopio suelto por los juzgados porteños. Era abogado, buen negociador, hábil componedor, y partidario del mal arreglo es mejor que buen juicio.

Cuando Cuqui, su hijo, nos comunicó que había muerto, supe que algo raro tenía que haber pasado. El Gubi no se podía morir así, de cualquier manera, como todo el mundo. Y efectivamente: con su bici, echándole el pulso al verano, y vaya usted a saber. Hoy me apetece mucho menos volver a Buenos Aires.

jueves, 14 de enero de 2010

Los obispos y el FB

En estos días llegarán a 25.000, que se dice pronto, las personas que piden, desde Facebook, que la justicia intervenga ante la homilía del arzobispo de Granada, durante la cual, simplificando mucho, comparó el aborto con el holocausto –lo que ya es un lugar común en la propaganda católica y en el PP- y dijo que, si la mujer aborta, el varón puede abusar sin límite de su cuerpo. Entre otras lindezas.

El argumentario –aborto-asesinato-nazismo- no es para nada nuevo, y se está repitiendo en algunas diócesis más. De hecho, es la posición del Vaticano, y no hay que olvidar que su trayectoria en este papado es francamente reaccionaria. Valga como ejemplo la vuelta al redil de la secta de Lefevbre, el levantamiento de la excomunión a sus obispos cismáticos, y la concesión a ellos de una “prelatura” similar a la que tiene el Opus Dei. Lo que ha revuelto a la gente de la red social, no es la posición ni el argumento: es la retórica, ese “toque personal” del de Granada, que le ha llevado a traspasar límites difíciles de tolerar. Desde 2007, tiene en contra a buena parte del clero granadino, lo que no parece conmover ni al Vaticano ni a la nunciatura. Como tampoco les conmueve, aunque las razones sean otras, la contestación del nombramiento del de San Sebastián. Y así.

Yo diría que dentro de la iglesia católica está sucediendo lo que en otras creencias organizadas, que las corrientes más reaccionarias, los grupos integristas, por usar la nomenclatura del XIX, están tomando el poder político, y afirmándose como la única manera de ser… lo que sean. Y no sólo en cuanto a las prácticas religiosas o en cuanto a la política del Vaticano como estado, sino en los gobiernos de los estados en los que tienen raigambre y poder, gracias a su intercomunicación con los partidos de derechas. Pero el crecimiento vertiginoso de las adhesiones al grupo de Facebook “Que la justicia actúe contra el Arzobispo de Granada”, es un síntoma de que la sociedad civil no está muy por la labor, al menos no en cuanto a la opinión.

La gran contradicción de FB es, precisamente, su carácter virtual. Y en este sentido tiene algo de frustrante, o mucho. A los efectos de la acción, lo que pasa en facebook, pasa en una segunda vida, que no es la vida real. No es propiamente la acción política, no es propiamente la acción. Quiero decir: 25.000 firmas virtuales, por indignadas, crispadas e insultantes que sean –eso es lo más terrible: cómo civilizar la red- no van a suponer la intervención de la Fiscalía, ni de los organismos de la Iglesia. No llegan a un juzgado, ni a la Dirección General de Asuntos Religiosos….

Pero sí suponen un formidable poder. El que aprieta el botón de la adhesión es una persona real. Que luego vota.

Quizá por eso el de Granada se ha visto obligado a explicar que donde decía digo, quiso decir Diego…Y hasta ahí hemos llegado. De momento.

sábado, 9 de enero de 2010

Cónsul de Sodoma

Cuando salí de la Academia del Cine, después de haber visto “El cónsul de Sodoma” en un pase de amigos, creo que temblaba un poco. Finalmente, es una historia de la generación anterior a la mía, pero de personas a las que he conocido, de lugares en los que he estado, y de un ambiente que hemos mamado: la “gauche divine” de Barcelona, que sacaba la cabeza tirando de la cutrería del franquismo y abría esos espacios de libertad entonces extraordinarios, y probablemente ahora, después del SIDA, también. La película cuenta la vida y la literatura del estupendo poeta Jaime Gil de Biedma, y aparecen algunos de sus amigos, Juan Marsé y Carlos Barral, muy especialmente; alguna de sus novias, casi todos sus novios, y una familia de la burguesía catalana, la suya. La historia es conmovedora, con un Jordi Molla guapísimo haciendo a Gil de Biedma, y muy bella, hasta demasiado bella. Hay que decir que es muy explícita en las escenas de sexo homosexual, y que no ahorra sordidez –bella también!- cuando cuenta los barrios paupérrimos de Manila, de los que habla Jaime Gil en sus textos autobiográficos. Y pone en pantalla las contradicciones personales y políticas del poeta, sus debilidades, su coraje, su inteligencia mordaz. Yo creo que era bastante más mordaz que el que aparece, porque la oralidad rápida y cruel que les caracterizaba le es difícil al cine. Y ese grupo hablaba sobre todas las cosas. Hablaban. Un auténtico estímulo intelectual, si no estabas del lado de la víctima… Y otra cosa: para mi gusto, la puesta en pantalla de la poesía, tan difícil, está aquí estupendamente justificada, y pasa con naturalidad. Como en estas vidas mismas.

Hoy nos han despertado con las declaraciones cruzadas entre Juan Marsé, que era personaje muy importante en la historia, y Andrés Vicente Gómez, productor de la película dirigida por Sigfrido Monleón. Y se llaman de todo menos bonitos. Lo que se entiende: Marsé no se reconoce en el personaje encarnado por Alex Brendemühl, y Andrés Vicente reacciona con parecida violencia. Marsé se pasa mil pueblos, y Andrés Vicente, que ha producido varias películas sobre novelas del catalán, le considera desleal…

La pregunta que hay detrás es si se puede hacer cine con la biografía de uno, sin contar con uno. O memorias escritas, que tanto da. Ahora que nos llueven, como una novedad en la cultura española, hasta las de los que acaban de cumplir los sesenta años, el tema merece una reflexión. No?

Porque al final, cada uno vive la feria como le va en ella, y la versión del otro no deja de ser eso, extraña. Otra.

P.S: Cuando esto cuelgo, ya hay 15.878 personas que, desde Facebook, piden  "Que la justicía actue contra el arzobispo de Granada". En tres días.

jueves, 7 de enero de 2010

¡Qué bien que estás aqui!

Estoy estrenando blog. Digamos que, aunque escribo más que el tostao, para este 2010 quiero meterme en una disciplina periódica. Y que, de puro leer blogs, me han entrado ganas de intentarlo yo misma... El precio de la modernidad y también de esta época convulsa que invita a la intervención.
Cuando hablo de esta época, no me refiero sólo a la política. Ni sólo a una perspectiva política. Supongo que son ganas de expresar puntos de vista -y sentimientos, y otras cosas- personales, más allá de la frecuencia del papel, que no voy a dejar. Así que será desde una perspectipa personalísima, aunque no tenga yo la verdad revelada, desde la que dé noticia de lo que me ha motivado, de lo que he seleccionado de la realidad justo para esa entrada.... Ya adelanto que de la cultura a la vida cotidiana, y en el corto paseo que va de una a la otra, porque eso viene a ser lo mío. Y será, cuando el tema lo permita, con todo el humor que pueda, y siempre, con todo el respeto.
En fin, que estoy estrenando blog. Y que qué bien que estás aquí!