miércoles, 1 de febrero de 2012

Tres mujeres con voz propia. Bueno, no, CUATRO!

Porque la cuarta es Julia Varela, la autora del libro "Mujeres con voz propia", un estudio sociológico sobre -o a partir de- Carmen Baroja, Zenobia Camprubí y Maia Teresa León, recién publicado por Ediciones Morata, y en cuya presentación, el miércoles 25 de enero, en el Círculo de Bellas Artes.dije lo que sigue.

"Creedme si os digo que estoy absolutamente fascinada con este libro. Yo creo que a veces los libros salen al encuentro de las personas, y yo tengo la impresión de que este que presentamos hoy, este “análisis sociológico de las autobiografías de tres mujeres de la burguesía liberal española”, como dice su subtítulo, ha venido a buscarme a mi. A lo mejor, cuando más lo necesitaba. A ver, ni su autora, Julia Varela, ni las tres protagonistas de esta historia, Carmen Baroja, Zenobia Camprubí y Maria Teresa León, ni, incluso, su contrapunto, Federica Montseny, me eran desconocidas, aunque he aprendido mucho sobre ellas. Es que el asunto, como el libro, va mucho más allá. El tema de la memoria, y más, la memoria de las mujeres, y la memoria de las mujeres como víctimas al par que como testigos de cargo –una memoria para echarse a temblar- hace tiempo que me preocupa. Alguna vez, incluso, he escrito sobre él, sobre la necesidad de recuperar esa memoria invisible por oculta, y hacerla funcionar como parte del análisis. Y el verano pasado codirigí un congreso, el Voces Mediterráneas 5, en torno al tema de “La memoria de las mujeres” y fueron muchas las aportaciones venidas de mujeres de toda el área mediterránea desde distintas perspectivas. Pero obviamente, no se agotó el tema. Así que, a mi manera de ver, estaba esperando este libro, porque, curiosamente, no sólo arranca de la necesidad de tener en cuenta los testimonios de los sujetos, en su caso el de estas tres mujeres, de alguna manera privilegiadas, que escriben su experiencia, sino que enseña qué hay que hacer con ellos. Nos ofrece un formidable aparato metodológico y conceptual, de manera que -y perdonen la torpeza con la que me expreso-, esos testimonios alcancen la finalidad para la que están escritos: esclarecer los hechos, cargarlos de razón, contribuir a que no se repitan y no se olviden. Dicho en concreto, nos muestra Julia Varela todo el entramado estructural y superestructural que hace –en el sentido de construir, de fabricar, y cita ella a Beauvoir- a las mujeres, y la manera en que los escritos autobiográficos de tres de ellas, sus memorias y diarios, le permiten poner en pie la verdad de toda una sociedad y su evolución. Para desembocar, hay que decirlo, en las condiciones políticas, económicas y sociales en las que se puede dar el desarrollo de las mujeres y la igualdad de género.


"De todo ese aparato conceptual a que me refería antes, yo destacaría un par de conceptos, a sabiendas de que los viene elaborando Julia Varela a lo largo de su ya extensa bibliografía.

"En primer lugar, lo que ella llama el “dispositivo de feminización” la creación de un ideal de mujer, y cito, “pendiente de las pequeñas cosas, buena madre, amante esposa y abnegada ama de casa”. La demostración de la historicidad de este dispositivo de feminización rompe la idea de su “naturalidad”, yo creo que en la línea del muchas veces citado Pierre Bourdieu. Un dispositivo que se remonta al final de la edad media y que cristaliza con el modelo trentiano. Que en esencia, saca a las mujeres de la vida pública, profesional y política, para recluirlas en la casa. Y señala cómo esta imposición, que se vive de una en una, aunque sea colectiva y social, se puede realizar gracias al ejercicio de una gran violencia, no siempre de baja intensidad. Naturalmente, sigue estos complejos dispositivos y su incidencia en esas tres vidas –en contraste muchas veces con la de Federica Montseny- y los esfuerzos de las tres por romperlo, y poder asumir modelos alternativos de mujer, con mayor o menor fortuna. La creación literaria y artística, y la expresión autobiográfica, serán a un tiempo ruptura y testimonio.

"En segundo lugar, lo que llama “el capital altruista”: que se podría entender como, y cito, “el sentido, la sensibilidad, el afecto, que los sujetos confieren a sus actos y a las relaciones sociales”. La cita inclusa de Jane Austen es, naturalmente, suya. Ese capital altruista es lo contrario del capital económico, vaya, y uno de los pocos, dice, “permitido o tolerado en los últimos siglos a las mujeres”. “Se podría plantear la hipótesis de que el capital altruista y el imaginario social femenino se retroalimentan”. Y está relacionado con esa carga de sentimientos por un lado, pero también de solidaridad, de incondicionalidad, que las mujeres aportan al mundo familiar, y que una desearía que aportaran –aportáramos- también al mundo tout court.

"Y por fin, el concepto troncal de memoria. Yo creo que el tema de la memoria de las víctimas irrumpió en el pensamiento europeo tras el Holocausto, que marcó la conciencia de unos hechos que ningún sistema filosófico ni lógico pudo prever ni podía explicar, pero que ocurrieron. Y ese “ocurrieron” inexplicable, como dice en España, Reyes Mate, impuso la inclusión de la memoria en el análisis. No sólo la facultad de recordar, sino los recuerdos mismos. Y eso, por dos razones: primero, para establecer los hechos. El recuerdo de la persona, su sufrimiento, vuelve incontestable que pasó lo que pasó. Particularmente cuando resulta inexplicable y sin razón, como en el caso del Holocausto, pero también de algunas otras realidades, como, desde luego, el sojuzgamiento de la mujer, su situación de inferioridad, incluso en casos de mujeres que, como las estudiadas por Julia, pertenecían a las clases acomodadas, cultas, instruidas y… y dominantes. Julia Varela nos da, contando con la verdad de esos testimonios, la “microfísica del poder” patriarcal y su correlato en el poder a secas, el económico, el político, el judicial, el omnímodo poder de la Iglesia. La memoria ayuda a establecer los hechos, o, como dice literalmente, la memoria no es ajena a la Historia., aunque, como avisa, conviene no confundirlas. Pero hay algo más: incluye una razón de orden moral, ese nuevo imperativo categórico de que habla Reyes Mate: la memoria exige que esté clara la intención del análisis: que el conocimiento de lo que pasa permita salir de la situación injusta y opresora. Que evite que se repita. Y Julia Varela lo tiene muy claro y lo deja muy claro. Escribe, pues, desde una perspectiva rigurosa y feminista. Porque su proyecto, dice, no sólo es un paso para acercarse a su mundo, la España de la primera mitad del siglo XX, sino “un intento de describirlo para comprenderlo mejor y para rendir un homenaje a un colectivo de mujeres que contribuyeron a hacer la historia, pero que, injustamente silenciadas, han permanecido durante demasiado tiempo al margen de ella”.

"Que nadie espere tres biografías lineales, porque no se trata de eso: Julia Varela entrecruzará estas vidas haciendo cortes sincrónicos en las tres, y poniendo a todas ellas en relación unas con otras, señalando las diferencias, las sutiles y las menos sutiles, pero también lo que hay en común. Este análisis sociológico, partiendo de los textos autobiográficos –memorias, recuerdos, diarios- de estas tres mujeres, que nacieron al principio, en medio y al final de un período de diez años, consigue vividamente desmenuzar el mundo que comparten, y, a partir de la experiencia narrada por las tres, darnos un aparato conceptual que nos va a permitir entender la historia en la que están inmersas, y a qué se enfrentan y de qué manera comparten un destino: el de la Historia de España en el que las tres quisieron intervenir activamente.

"Casi como un emblema, desde la portada, desde el título, Mujeres con voz propia, una se encuentra con que las tres, Carmen Baroja, Zenobia Camprubí y Maria Teresa León, ostentan orgullosamente su segundo apellido, el de la madre, cuyas influencias veremos en la construcción de esas personalidades, en sus opciones, en su sentido de la libertad, y hasta en sus culpas, concesiones y fracasos, que de todo hay. Desde sus propios matrimonios, los de las madres, a veces plagados de conflictos; desde su posición social y sus creencias, su cosmopolitismo en el caso de Zenobia. Pero ahí están esos nombres sin los que su educación sentimental no se comprendería. El contrapunto de Federica Montseny, y su madre, como representantes de una concepción del mundo y de la mujer, más radical, ponen las cosas en su sitio. Y a partir de ahí, como ramas iluminadoras, la cita de muchas otras, muchas mujeres con nombre propio, así como las instituciones, clubes y asociaciones en las que participan, nos dan un panorama de la sociedad española y el papel de las mujeres en ella. Y la historia, lo sabemos, es terrible. Como bien insiste Julia Varela, la mayoría de los textos de referencia han sido escritos en el exilio, consecuencia de la guerra civil y la dictadura de Franco.

"He dicho cuando empecé que el libro me tiene fascinada. Por su estructura, que ha sabido relacionar de manera esclarecedora las historias con la Historia, y las historias entre sí. Por cómo aclara el papel del arte y la literatura en la construcción del imaginario, y de éste, en las conductas y en la posibilidad de cambios sociales. Por la claridad de su método y por la seguridad de su intención. Por su lenguaje, de una eficacia y claridad ejemplares. Estoy absolutamente convencida de que con este “Mujeres con voz propia”, Julia Varela ha hecho una importantísima aportación a la memoria consciente de las mujeres, ha cumplido con creces su intención expresa. Y eso es más de lo que se puede decir de una buena parte de los estudios de género. Y de los ensayos en general.

 
P.S.: sirva esta nota aquí para retomar un blog que tenía, ay, muy abandonado, y como recomendación encarecida de la lectura de este serísimo y magnífico libro, que, además, se lee divinamente.